PATHOLOGY OR MODERNITY? RETHINKING RISK FACTOR ANALYSES OF YOUNG DRUG USERS
Saved in:
PARKER, H., PATHOLOGY OR MODERNITY? RETHINKING RISK FACTOR ANALYSES OF YOUNG DRUG USERS. ADDICTION RESEARCH AND THEORY, Vol. 11, no. 3 (2003), p. 141-144.
Ref.
140779
Location:
SIIS R.1038 Archivo
Palabras clave:
Crítica, Drogodependencias, Evolución, Factor de riesgo, Juventud, Normalización, Prevención, Reino Unido
Crítica, Drogodependencias, Evolución, Factor de riesgo, Juventud, Normalización, Prevención, Reino Unido
Abstract:
Howard Parker y sus compañeros están realizando una de las aportaciones más interesantes y productivas de los últimos años para una mejor comprensión del fenómeno de las drogodependencias en las sociedades de nuestros días. Su trabajo es digno de tener en cuenta, en primer lugar, por la seriedad metodológica :él y su equipo son responsables dedos investigaciones longitudinales a través delas cuales se ha observado qué, cuánto y cómo consumen drogas 1.500 jóvenes británicos a lo largo de varios lustros. No sólo han medido cómo y de acuerdo a qué factores van evolucionando esos consumos sino, también, qué otros cambios se van produciendo en la vida de estos jóvenes y hasta qué punto los consumos de drogas pueden incidir, y de qué forma, en tales cambios. A partir de ese esfuerzo metodológico, Parker ha planteado también una muy notable aportación teórica al hilo de la normalización del uso de drogas entre los jóvenes británicos y de la validez delos esfuerzos preventivos realizados para abordarlo. Su tesis principal incide en la necesidad de renovar el análisis de los factores de riesgo y de situarlos en el contexto de la modernidad y de la sociedad del riesgo y del consumo, repensando qué es normal y normativo en las sociedades actuales: la teoría del consumo racional es hoy más convincente que la de la ‘vulnerabilidad’ ante el uso de drogas, afirma. El autor ha resumido algunos de sus argumentos en un reciente artículo editorial en la revista Addiction Research and Theory. En él aborda la impostergable necesidad de replantear el concepto de factor de riesgo y de adaptar las políticas e intervenciones preventivas a una época en que los factores de riesgo son muy distintos de los que hasta ahora se habían venido manejando. Su tesis coincide con la que, en un documento reseñado en el anterior número de este Boletín plantea A. Calafat –otro investigador que ha seguido en detalle los patrones de consumo de los jóvenes europeos–, para quien, dejando un poco de lado los factores de riesgo puramente individuales, es preciso centrar la atención en los factores comunitarios para entender el actual incremento en el uso de drogas recreativas por parte de los jóvenes. La tesis de Parker avanza por la misma línea: los factores de riesgo psicosociales de carácter individual que se han venido manejando hasta ahora –fracaso escolar, desarticulación familiar, exclusión social, falta de resistencia a las presiones de los pares, búsqueda de sensaciones, escaso control familiar, etc.– se han demostrado útiles a la hora de explicar el consumo de sustancias como el crack o la heroína, pero apenas explican los consumos de sustancias recreativas como el éxtasis, el cannabis o la cocaína. Es cierto, señala, que quienes experimentan a los 13años con el alcohol, el tabaco u otras drogas tienen a los 22 muchas más probabilidades de ser policonsumidores; sin embargo, no hay en estas personas signos de dependencia, de litosserios o menor rendimiento escolar y profesional. De hecho, añade, en sus investigaciones se observa que los consumidores habituales de drogas –que representan un tercio de la muestra observada– están realizando transiciones satisfactorias a la vid adulta e, incluso, ganan salarios más altos que sus compañeros abstemios. Otros factores de riesgo como el crecer en familias monoparentales o el carecer de vínculos religiosos dejan también de tener sentido, señala, cuando son tantos los jóvenes que viven sólo con uno de sus progenitores o tantos los que carecen de toda inquietud religiosa. Hoy, las características que rodean al uso de drogas, y los riesgos que de él se derivan, son muy distintos a los de hace tan sólo diez años: las trayectorias de consumo se inician antes y, previsiblemente, se alargarán por más tiempo, en la medida en que se retrasa la emancipación juvenil y la formación de nuevas familias. Estamos ante proporciones muy significativas de la sociedad que consume drogas de una forma que hace 30 años hubiera sido considerada ‘desviada’, dice Parker, yante consumos que pueden ser mantenidos durante años sin signos de marginalidad, dependencia, bajo rendimiento o estigmatización social. Los tradicionales factores de protección–buen rendimiento escolar, entorno familiar estructurado, éxito profesional, etc.–no están reñidos con un consumo prudente de drogas (nada de heroína o de crack) en el que la gestión del riesgo y las decisiones en principio racionales sobre qué, cuánto y cómo se consume son la norma. El estigma ya no procede del uso de drogas ilegales, sino de la pérdida de disciplina y de control; de la incapacidad de limitar el uso de drogas al ámbito recreativo y de poner así en riesgo la estabilidad personal y profesional. Hoy, además, los riesgos del consumo de drogas son otros. Según Parker, están básicamente en la falta de información sobre el efecto de las sustancias(fundamental para un grupo que aspira agestionar los riesgos y mantener sus consumos bajo control), en el rechazo institucional a las estrategias basadas en la reducción de daño y en la negativa a adoptar medidas de salud pública en los contextos recreacionales. BIBLIOGRAFÍA Parker, H. y Egginton, R. Adolescent recreational alcoholand drugs careers gone wrong: developing a strategyfor reducing risks and harms. InternationalJournal of Drug Policy, vol.13, nº 5, 2002. Parker, H. y otros. The normalization of “sensible” recreationaldrug use: further evidence from the northwest england longitudinal study. Sociology, vol.36, nº 4, 2002. Parker, H. y otros. Illegal leisure. The normalization ofadolescent recreational drug use. Londres, Routledge,1998. Williams, N. y Parker, H. Alcohol, cannabis, ecstasy andcocaine: drugs of reasoned choice amongst youngadult recreational drug users in england. InternationalJournal of Drug Policy, vol. 12, nº 5-6,2001.
Howard Parker y sus compañeros están realizando una de las aportaciones más interesantes y productivas de los últimos años para una mejor comprensión del fenómeno de las drogodependencias en las sociedades de nuestros días. Su trabajo es digno de tener en cuenta, en primer lugar, por la seriedad metodológica :él y su equipo son responsables dedos investigaciones longitudinales a través delas cuales se ha observado qué, cuánto y cómo consumen drogas 1.500 jóvenes británicos a lo largo de varios lustros. No sólo han medido cómo y de acuerdo a qué factores van evolucionando esos consumos sino, también, qué otros cambios se van produciendo en la vida de estos jóvenes y hasta qué punto los consumos de drogas pueden incidir, y de qué forma, en tales cambios. A partir de ese esfuerzo metodológico, Parker ha planteado también una muy notable aportación teórica al hilo de la normalización del uso de drogas entre los jóvenes británicos y de la validez delos esfuerzos preventivos realizados para abordarlo. Su tesis principal incide en la necesidad de renovar el análisis de los factores de riesgo y de situarlos en el contexto de la modernidad y de la sociedad del riesgo y del consumo, repensando qué es normal y normativo en las sociedades actuales: la teoría del consumo racional es hoy más convincente que la de la ‘vulnerabilidad’ ante el uso de drogas, afirma. El autor ha resumido algunos de sus argumentos en un reciente artículo editorial en la revista Addiction Research and Theory. En él aborda la impostergable necesidad de replantear el concepto de factor de riesgo y de adaptar las políticas e intervenciones preventivas a una época en que los factores de riesgo son muy distintos de los que hasta ahora se habían venido manejando. Su tesis coincide con la que, en un documento reseñado en el anterior número de este Boletín plantea A. Calafat –otro investigador que ha seguido en detalle los patrones de consumo de los jóvenes europeos–, para quien, dejando un poco de lado los factores de riesgo puramente individuales, es preciso centrar la atención en los factores comunitarios para entender el actual incremento en el uso de drogas recreativas por parte de los jóvenes. La tesis de Parker avanza por la misma línea: los factores de riesgo psicosociales de carácter individual que se han venido manejando hasta ahora –fracaso escolar, desarticulación familiar, exclusión social, falta de resistencia a las presiones de los pares, búsqueda de sensaciones, escaso control familiar, etc.– se han demostrado útiles a la hora de explicar el consumo de sustancias como el crack o la heroína, pero apenas explican los consumos de sustancias recreativas como el éxtasis, el cannabis o la cocaína. Es cierto, señala, que quienes experimentan a los 13años con el alcohol, el tabaco u otras drogas tienen a los 22 muchas más probabilidades de ser policonsumidores; sin embargo, no hay en estas personas signos de dependencia, de litosserios o menor rendimiento escolar y profesional. De hecho, añade, en sus investigaciones se observa que los consumidores habituales de drogas –que representan un tercio de la muestra observada– están realizando transiciones satisfactorias a la vid adulta e, incluso, ganan salarios más altos que sus compañeros abstemios. Otros factores de riesgo como el crecer en familias monoparentales o el carecer de vínculos religiosos dejan también de tener sentido, señala, cuando son tantos los jóvenes que viven sólo con uno de sus progenitores o tantos los que carecen de toda inquietud religiosa. Hoy, las características que rodean al uso de drogas, y los riesgos que de él se derivan, son muy distintos a los de hace tan sólo diez años: las trayectorias de consumo se inician antes y, previsiblemente, se alargarán por más tiempo, en la medida en que se retrasa la emancipación juvenil y la formación de nuevas familias. Estamos ante proporciones muy significativas de la sociedad que consume drogas de una forma que hace 30 años hubiera sido considerada ‘desviada’, dice Parker, yante consumos que pueden ser mantenidos durante años sin signos de marginalidad, dependencia, bajo rendimiento o estigmatización social. Los tradicionales factores de protección–buen rendimiento escolar, entorno familiar estructurado, éxito profesional, etc.–no están reñidos con un consumo prudente de drogas (nada de heroína o de crack) en el que la gestión del riesgo y las decisiones en principio racionales sobre qué, cuánto y cómo se consume son la norma. El estigma ya no procede del uso de drogas ilegales, sino de la pérdida de disciplina y de control; de la incapacidad de limitar el uso de drogas al ámbito recreativo y de poner así en riesgo la estabilidad personal y profesional. Hoy, además, los riesgos del consumo de drogas son otros. Según Parker, están básicamente en la falta de información sobre el efecto de las sustancias(fundamental para un grupo que aspira agestionar los riesgos y mantener sus consumos bajo control), en el rechazo institucional a las estrategias basadas en la reducción de daño y en la negativa a adoptar medidas de salud pública en los contextos recreacionales. BIBLIOGRAFÍA Parker, H. y Egginton, R. Adolescent recreational alcoholand drugs careers gone wrong: developing a strategyfor reducing risks and harms. InternationalJournal of Drug Policy, vol.13, nº 5, 2002. Parker, H. y otros. The normalization of “sensible” recreationaldrug use: further evidence from the northwest england longitudinal study. Sociology, vol.36, nº 4, 2002. Parker, H. y otros. Illegal leisure. The normalization ofadolescent recreational drug use. Londres, Routledge,1998. Williams, N. y Parker, H. Alcohol, cannabis, ecstasy andcocaine: drugs of reasoned choice amongst youngadult recreational drug users in england. InternationalJournal of Drug Policy, vol. 12, nº 5-6,2001.
Be the first to leave a comment!